Tu abuela, los cordones de los zapatos, y la Compasión en el Mindfulness

Tu abuela, los cordones de los zapatos, y la Compasión en el Mindfulness

¿Sabes atarte los cordones de los zapatos?. Si.
¿Piensas que tu abuela te quiere/quería?. Seguramente si.
¿Piensas que todo lo que te enseñó lo hizo con su mejor voluntad y conocimiento?. Seguramente sí.

Por mucha compasión que aplique, si te digo, que el modo de atarte los cordones de los zapatos está “científicamente” equivocado y por eso tienden a desatarse una y otra vez, es probable que te resistas a la idea. ¿Y si te digo que hay un modo más adecuado de hacerlo, igual de complicado o sencillo que el que conoces, que hace que los cordones duren más tiempo atados?. ¿Estarías dispuesto a aprenderlo, si con eso tuvieras que estar menos atento a no tropezarte con unos cordones desatados?.

Pues con la compasión, y la relación contigo mismo, sucede algo parecido. Si no me crees, cosa normal por otro lado, pues llevas toda la vida atándote los cordones de un modo determinado, y además “todo” el mundo lo hace igual, mira con atención este video. Si quieres ir directamente a esa forma alternativa, avanza el video al minuto 1,43.

 

La charla en la cabeza, darte cuenta

¿Cuántas veces te has sorprendido hablando contigo mismo?. Seguro que más de una. Lo importante de esto es que esa autoconversación es permanente, y sólo tenemos conciencia de ella en muy limitadas ocasiones. No es nada necesariamente malo, pues sencillamente es como funciona el mecanismo del cerebro. Continuamente va lanzando ideas y algunas las “oímos” o “vemos o “sentimos”, y otras pasan desapercibidas a nuestra conciencia, pero están ahí.

Haz una prueba, durante los próximos 60 segundos, no hagas nada. Sólo siéntate cómodo, deja a tu cuerpo que respire, y observa lo que sucede en tu cabeza. A ella van a llegar varias ideas:

– qué tontería estoy haciendo …
– tengo que salir a comprar el pan …
– que buen/mal día hace …
– ayer me dejé sin terminar tal o cual cosa en el trabajo …
– hay que ver que peinado más feo/bonito llevaba …
– mañana tengo que acordarme de llamar a …

No sé concretamente cuál será en tu caso, pero seguro que si estás atento, eres capaz de identificar una buena tanda de ideas que saltan de ayer a mañana, de ahora a después, de aprobación o juicio, de gusto o disgusto sobre algo sucedido o por suceder.

Tómate esos 60 segundos, gana conciencia.

(espacio para no hacer nada, sólo observar los pensamientos que vienen a tu cabeza).

En mi caso, esta toma de conciencia la tuve de una forma algo drástica :-). En un retiro de silencio hace ya muchos años. La sensación era como tener muchas emisoras de radio en mi cabeza que saltaban de modo aleatorio y con distintos volúmenes. Y lo mismo me sorprendía pensando en algo de cuando tenía 15 años, que en otra cosa que tenía previsto hacer la semana siguiente. En este caso lo relevante no es ese continuo saltar, sino el hecho de tomar conciencia que por mucho silencio que haya en el exterior, en nuestra cabeza hay un ruido permanente.

 

Y una mañana….

Tuvieron que pasar todavía muchos años, para lograr dar un salto de calidad en mi vida. Aunque mi relación con la meditación viene ya de muy atrás, no conseguía una práctica regular. Como no podía hacerlo perfecto, sencillamente, no hacía nada.

En mi vida vino otra época convulsa, por suerte para mi, me pilló con un buen repertorio de herramientas y tuve la opción de poner en práctica mucho de lo que hoy enseño. Tomé un compromiso serio conmigo mismo y comencé a dedicar tiempo y Atención al proceso de toma de conciencia. Pasé meses sin usar el Facebook, el whatsapp lo usaba en lo mínimo y sólo por cuestiones de trabajo, y la televisión pasó a ser un recuerdo. ¿Sabes qué?, encontré muchas horas al día para poder centrarme en estudiar y practicar cosas que me sentaban bien. En esta época estaba profundizando en el Mindfulness, combinando su rica base teórica, con su no menos rica base de ejercicios y experiencias.

Mi vida -mi cabeza- se iba estabilizando.

Y una mañana, algo cambió. Como cada uno de nosotros tengo mis rutinas mañaneras, y entre ellas está que al poco de levantarme me acerco a la ventana, la abro y respiro el fresco aire de la mañana. Pero aquel día llovía mucho, así que no pude abrir la ventana. Me quedé contemplando como amanecía y la luz del sol iba dando vida al mundo. Lo curioso fue, que mi cabeza estaba muy en calma, no en completo silencio pero si muy en calma. Y la voz que oí me decía, “Ánimo Samuel, lo estás haciendo muy bien. Ve con calma. Sigue adelante”.

Una sonrisa suave iluminó mis ojos, y me vi reflejado en el cristal. De forma totalmente natural, una respiración plena y profunda recorrió mi cuerpo. Tomé conciencia, quizá por primera vez en mi vida, de lo mal y duro que me había tratado hasta ese momento. Ese ansia de perfección, esa idea de algo falta, algo estás haciendo mal, tienes que esforzarte más, sencillamente habían desaparecido.

Y no me dí cuenta, hasta que no surgieron esas palabras de ánimo, apoyo y aliento.

Han pasado ya años desde aquel amanecer, y esa voz amable y conciliadora sigue acompañándome. Por supuesto, ni vuelo, ni floto :-), y tengo momentos tensos en mis días y en el trabajo. La gran diferencia es que ahora de una forma que no se puede explicar con palabras, me siento sustentado y acompañado por mí mismo. Me hablo y me trato con mucha más compasión, y mi vida es más amable, e incluso más divertida pues cada vez me tomo menos en serio los pensamientos que vienen a mi cabeza. He reducido el dramatismo y la tragedia, y he pasado a ser un curioso observador de lo que sucede dentro y “fuera” de mi mundo.

 

¿Compasión?. Aceptar, para poder cambiar

Mientras no era consciente de esa permanente conversación que todo lo charla y lo juzga dentro de mi cabeza, era una especie de robot. Con programaciones de gustos e ideas que procedían de vete tú a saber que momento de la historia de mi vida. Y, sin duda, este es el paso previo. Date cuenta como a cada cosa que sucede en tu vida, le responden numerosas voces en tu interior, algunos hablan de una proporción de 1 a 4. Cada suceso o evento, genera no menos de cuatro conversaciones interiores relacionadas con él.

Por ejemplo, ves un gato, acto seguido identificas que es un gato, el color, el tamaño, si te recuerda a otro gato, y si has tenido alguna experiencia buena o mala con gatos anteriormente. ¿te das cuenta?. Haz la prueba, deja de leer un momento, y pasea tu vista por el lugar donde estás. Observa las cosas que te rodean, y quizá te des cuenta que no ves las cosas tal cuál son, sino que las entierras con tus ideas, juicios y pensamientos de modo automático e instantáneo.

No te conformes con creer haberlo comprendido racionalmente, desarrolla la experiencia, haz la prueba. Mira ese libro, ese bolígrafo, ese cuadro, ventana o pared, y escucha con Atención Plena todo lo que tu cabeza te va diciendo.

¿Lo has hecho?, ¿qué has aprendido?, ¿de qué has tomado conciencia?.

Mientras que te creas que tu eres tus ideas, que la vocecita que te habla (las ideas lanzadas de modo automático por tu cerebro) es quién tu eres, amigo, tienes un problema. Y ahora entramos, para finalizar, en la “calidad” de esas ideas.

A estas alturas, ya tienes claro que en nuestra cabeza hay una conversación permanente que para la mayoría de las personas, en la mayoría de las situaciones, pasa desapercibida. Pero, estar, está.

El matiz viene después, como decía la canción. Si esa conversación es amable, y receptiva, si no es demasiado alta en número de ideas, ni en el volumen de estas, digamos que todo está más o menos bien. Pero, ¿qué sucede si además de haber muchas ideas, estas se pisan unas a otras creando confusión?.

Y si como adicional son ideas que nos hablan de miedo, de falta, de carencia, de imperfección, ¿cómo puedes sentirte sino triste y sólo?.

Este es el punto en el que algunos pueden lanzarse a querer “cambiar” lo que sucede por considerarlo “malo” o “negativo”. Con el tiempo he aprendido que no es la estrategia más inteligente. Mientras te niegues a tí mismo que tu cabeza es ruidosa, y te niegues que la calidad de esa conversación es baja, poco podrás cambiar por la fuerza de la voluntad o mediante diversas técnicas. Sencillamente, lo que resistes, persiste.

Ríndete.

Se que en este mundo de lucha, pelea, esfuérzate, esta idea de rendirse es complicada. Pero es la única opción, a partir de determinado punto. Ríndete a que mucho de lo que habías pensado sobre tí mismo, sobre la vida, o sobre la manera en que funciona tu cerebro, estaba sencillamente equivocado.

Ríndete a la idea, que si eres una persona “normal”, has acumulado a lo largo de tu vida diversas heridas y creencias limitantes sobre tí mismo. Toma conciencia, que en tu interior hay una voz más acostumbrada a juzgar que a amar. Y por unos momentos, no trates de cambiar nada. Sencillamente, acepta que es  lo que es. Conoces una forma de hablarte y tratarte, pero hay otra mejor.

Y ahí, puedes respirar con plena conciencia, con profundidad y presencia.

Sólo cuándo aceptes que tu abuela, por mucho que te quería, te había enseñado mal a atarte los cordones de los zapatos, abrirás tu mente a una nueva forma de hacerlo, más efectiva y eficiente. En este caso, no te hablo del modo de atarte los cordones de los zapatos, sino de la manera en que te relacionas contigo mismo vía esa conversación permenente que hay en tu cabeza. Yo, y muchos otros, lo llamamos Compasión.

Respira, sonríe, háblate con amabilidad y dulzura tanto como puedas. A final de cuentas, si no has aprendido nada sobre el valor y utilidad de la Compasión, al menos has encontrado una nueva forma de atarte los cordones de los zapatos que te evitará algún que otro tropezón.

¿Me dejas alguna reflexión en el apartado de comentarios?.

 

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About the author

Samuel Carlos López administrator

Enfocado en reducir el estrés en personas y organizaciones, para mejorar productividad ganando salud. Investigador y practicante de la Ciencia de la Felicidad. Experto en Desarrollo Personal, Educación Consciente y Mindfulness por la UAL. . Autor de “Re-Enamórate, Tu Ganas Vida y Salud” y “Feliz Éxito”.

1 comentario hasta ahora

Samuel Carlos LópezPosted on9:49 am - Abr 15, 2017

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